jueves, 20 de noviembre de 2008

ENTREVISTAS




Entrevista diario 2001, Caracas, domingo 12 de abril de 2015.

Internet condiciona a las Letras. En Breves y bravos, Luis Guillermo Barrera Linares critica, con humor negro, a aquellos escritores con ínfulas de grandeza. El autor admite la influencia de Internet, la prensa y otras lecturas en sus brevísimos cuentos. (...)

Por María Laura Lombardi, pp. 12-13.



Entrevista El Universal Lunes 16-02-2015

Luis Barrera Linares parodió el mundo de los escritores
El narrador venezolano publicó el libro "Breves y bravos"


















El autor marabino hizo un alfabeto de los distintos tipos de autores Fotografía NICOLA ROCCO

DANIEL FERMÍN |  EL UNIVERSAL
lunes 16 de febrero de 2015  12:00 AM
Luis Barrera Linares (Maracaibo, 1951) utilizó su experiencia de editor para darle forma a su más reciente libro de cuentos. Breves y bravos, que fue publicado por Lector cómplice, es un catálogo sobre los distintos estereotipos de escritores y el mundo en el que viven.

La nueva publicación del autor venezolano es una suerte de dos libros reunidos en uno. El
 Breve alfabeto de egoletrados integra toda la primera parte. El escritor que habla, opina y critica a todos en el sector sin tener ninguna obra publicada, el locutor de radio que por tener un libro de consejos ya se jacta de ser un gran novelista, la autora que reza cada noche para que fallezca alguno de los miembros de la Academia de la Lengua y la incorporen a ella. Una irónica lista que, desde la letra A hasta la Z, parodia al universo de la literatura.

Los seis años que Barrera Linares pasó como coordinador de la colección de autores venezolanos en Alfaguara le sirvieron para confirmar hipótesis. Conocer la actitud de muchos de los escritores locales, saber qué quieren, qué anhelan. "Tengo tres décadas indagando en esa conducta tan particular que asumimos cuando aspiramos a ser publicados. Deseamos la fama prematura, tenemos poca conciencia autocrítica. No me excluyo de ese universo", dijo el narrador marabino, que tiene una novela inédita sobre el mismo tema.

La segunda parte de
 Breves y bravos reúne cuentos protagonizados por la violencia, que fueron escritos hace 10 años. Un grupo de becarios que en los años 80 se traslada a Inglaterra, una mujer que asesina a uno de sus antiguos amantes, una pareja en medio de El caracazo, un grupo que se dedica a acabar con los motorizados.

La unión de los
 Breves con los Bravos no fue algo arbitrario. Una cosa complementa a la otra. "En la primera mitad se dibuja el mundo de los escritores, en la segunda hay un diseño del universo venezolano en el que participan esos escritores. Cada cuento tiene que ver con una etapa particular de la historia contemporánea de Venezuela. Desde el plan de becas Ayacucho hasta esa confrontación permanente que mantenemos con motorizados".

Luis Barrera Linares no deja por fuera la impunidad que reina en la Venezuela de hoy. Su caos, su desorden, su violencia. "Es inevitable que un escritor refleje la experiencia del entorno en su propia escritura. Lo que no me convence mucho es lo que llamo literatura de oportunidad. Comenzar a publicar sobre las cosas que en este momento acontecen para vender libros nada más. Uno necesita madurar los temas, verlos desde lejos, distanciarse un poco. El inmediatismo no sirve".
 

dfermin@eluniversal.com







EL NACIONAL - Lunes 07 de Junio de 2010
Cultura/4

Cultura

El foro del lunes
LUIS BARRERA LINARES El escritor ve con optimismo los cambios que propone Internet
"Se puede vivir sin el libro convencional impreso"


El individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua y crítico literario considera que la revolución digital acabará con la figura del autor-sacerdote en una sociedad de lectores pasivos y privilegiará el desarrollo de la literatura colectiva
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ
MROCHE@EL-NACIONAL.COM





 La publicación en papel         tiene una ventaja desde el punto de vista cognoscitivo intelectual: para efectos del lector, el libro encierra una verdad dentro de un conjunto de páginas limitadas por dos tapas, dice Barrera Linares


Internet es una revolución imposible de detener. El fenómeno que cambió la manera de percibir el mundo, especialmente entre las jóvenes generaciones, también ha transformado la literatura universal y, desde el punto de vista financiero, la configuración del mercado editorial transnacional.

La prensa española anunció hace pocas semanas que los principales grupos editoriales de ese país ­Planeta, Santillana, Random House Mondadori, SM, Wolters Kluwer, Edicions 62 y Roca Editorial­ crearon una plataforma para la distribución de contenidos digitales en castellano y catalán llamada Libranda, una iniciativa que demuestra que uno de los sectores más conservadores de la cultura hispana, el del libro producido en Europa, entró de una vez por todas en la era digital.

Ante la celeridad de todos estos cambios, muchos autores, académicos y profesionales de la industria temen que el libro tradicional impreso pueda desaparecer en la vorágine de una nueva sociedad en la cual ya no se privilegia el conocimiento en línea recta, sino el que se desarrolla describiendo la línea zigzag (para seguir con la metáfora geométrica) que sugieren los hipertextos y las interfaces de Internet.

Luis Barrera Linares, individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua y profesor de literatura de la Universidad Simón Bolívar, considera que la revolución tecnológica llegó para quedarse y los cambios que acarrea determinarán otro tipo de sociedad en la cual no dejará de privilegiarse el conocimiento, pero éste tendrá características diferentes a las que los seres humanos están acostumbrados hoy. En su opinión, esos cambios no necesariamente son negativos. Éste es uno de los temas tratados en su reciente libro Habla pública, Internet y otros enredos literarios (Equinoccio, 2010), que compila sus ensayos producidos en el último lustro, además de otros temas relacionados con el papel del autor en la sociedad contemporánea y de la crítica literaria nacional.

--¿Cómo cambiará el libro digital a la literatura? --Internet no es una moda, llegó para quedarse y ello implica que está cambiando los modos de ser de la cultura escrita en general. Ya la literatura comenzó a cambiar, no sólo por la inserción de los formatos digitales ­el hecho de que la gente fotocopie un libro y lo coloque en la web, por ejemplo­, sino por la literatura que la gente cuelga en línea para que otros lectores puedan intervenirla y hacerse partícipes del hecho literario. Un ejemplo de esto último es cuando alguien hace comentarios en un blog o cuando un autor y sus lectores participan juntos en la elaboración de un texto literario.

--¿Tal manera de escribir en grupo se refiere a la "muerte del autor" que presagiaba Roland Barthes en su ensayo homónimo de 1968, según el cual el autor tradicional que pasa sus palabras iluminadas al colectivo desaparecerá para dar paso a lectores tan capaces de construir la arquitectura de un texto? --No diría tanto así. Internet acabará con la autoría individual porque los escritores pasarán a compartir la autoría de sus textos con otros, lo cual no es posible con el libro convencional, en el cual el lector del libro impreso se imagina las cosas desde lo que el autor le plantea. Detrás de esto hay un problema político: la difuminación de la autoría individual y la posibilidad de la autoría colectiva.

--¿De esta manera no desaparece también el intelectual, si lo entendemos como la persona que piensa y se hace responsable por sus ideas? --Posiblemente sí. Las ideas se harán colectivas y el grupo responderá por ellas, lo cual, a su vez, apunta hacia la pérdida de poder político de los autores, que dejarán de ser los grandes tótem de la literatura. Estoy por supuesto elucubrando, no quiere decir que esto vaya a ocurrir en el presente inmediato. Me parece, sin embargo, que por miedo a esto muchos autores no quieren escribir en la red. Los escritores hoy son hablantes públicos importantes, son capaces de opinar sobre cualquier aspecto que tenga que ver con el desarrollo de la cultura en el mundo y tienen mucha gente que los sigue y tienen pavor de que el libro convencional desaparezca.

--¿No traerá esto problemas con el derecho de autor? --Si la autoría individual se vuelve colectiva, nadie puede reclamar derechos sobre los textos. Ahora, los derechos de autor nacieron con el libro impreso. Así fue la literatura en sus inicios. Claro que el derecho de autor desaparecería para ciertos géneros y no para otros, en el caso de los periodistas, por ejemplo, se mantendrá. La autoría individual fue tan importante que, a lo mejor, La Ilíada y La Odisea fueron producto de una escritura colectiva y para justificarla le buscamos un autor: Homero. De acuerdo con ciertas teorías, ambas fueron historias orales y quizás un hombre llamado Homero las recogió y las sistematizó. Uno, en ese caso, no podría otorgarle derechos de autor.

--Frente al avance de las plataformas digitales, ¿qué ofrece el libro el impreso? --La cultura escrita convirtió al libro en un fetiche, en un tótem, tanto que hemos llegado a pensar que no podemos vivir sin éste. Eso es falso: se puede vivir sin el libro convencional impreso.

Sin embargo, la publicación tiene una ventaja desde el punto de vista cognoscitivo intelectual: para efectos del lector, el libro encierra una verdad dentro de un conjunto de páginas limitadas por dos tapas. Internet asusta porque uno no sabe adónde acudir, mientras que el libro convencional empieza y termina. Cuando uno cierra una obra siente que ha terminado de leer un conjunto de verdades. En el caso de Internet esto no es posible. Gracias al hipertexto, uno navega por lo que lee y a lo mejor nunca lo concluye, porque te remite a una y otra y otra fuente.

Quizás uno termina leyendo algo que no fue su intención inicial. Nos acostumbramos a que la palabra escrita, por lo general, es verdad y con Internet esto cambia porque allí hay todo tipo de textos: desde opiniones personales hasta libros escritos por autoridades especializadas; es decir, desde los límites de la oralidad más cotidiana hasta la formalidad académica.

Hay gente que dice que la web tiene el problema de que no puedes llevarla a la playa para leer, pero esto es uno de los ritos asociados con el fetiche del libro. La gente no se imagina todavía leer placenteramente en la playa un libro a través de un Ipad o de una computadora portátil.

La cultura escrita nos enseñó ciertos estereotipos que rodean la lectura, la cual está mitificada para determinados grupos de lectores. Los jóvenes ya no piensan así y eso está bien.

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EL NACIONAL - Lunes 07 de Junio de 2010 Cultura/4

Cultura

El foro del lunes
LUIS BARRERA LINARES El escritor ve con optimismo los cambios que propone Internet   

"Se puede vivir sin el libro convencional impreso"  

El individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua y crítico literario considera que la revolución digital acabará con la figura del autor-sacerdote en una sociedad de lectores pasivos y privilegiará el desarrollo de la literatura colectiva





MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ
MROCHE@EL-NACIONAL.COM






I nternet es una revolución imposible de detener. El fenómeno que cambió la manera de percibir el mundo, especialmente entre las jóvenes generaciones, también ha transformado la literatura universal y, desde el punto de vista financiero, la configuración del mercado editorial transnacional.

La prensa española anunció hace pocas semanas que los principales grupos editoriales de ese país ­Planeta, Santillana, Random House Mondadori, SM, Wolters Kluwer, Edicions 62 y Roca Editorial­ crearon una plataforma para la distribución de contenidos digitales en castellano y catalán llamada Libranda, una iniciativa que demuestra que uno de los sectores más conservadores de la cultura hispana, el del libro producido en Europa, entró de una vez por todas en la era digital.

Ante la celeridad de todos estos cambios, muchos autores, académicos y profesionales de la industria temen que el libro tradicional impreso pueda desaparecer en la vorágine de una nueva sociedad en la cual ya no se privilegia el conocimiento en línea recta, sino el que se desarrolla describiendo la línea zigzag (para seguir con la metáfora geométrica) que sugieren los hipertextos y las interfaces de Internet.

Luis Barrera Linares, individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua y profesor de literatura de la Universidad Simón Bolívar, considera que la revolución tecnológica llegó para quedarse y los cambios que acarrea determinarán otro tipo de sociedad en la cual no dejará de privilegiarse el conocimiento, pero éste tendrá características diferentes a las que los seres humanos están acostumbrados hoy. En su opinión, esos cambios no necesariamente son negativos. Éste es uno de los temas tratados en su reciente libro Habla pública, Internet y otros enredos literarios (Equinoccio, 2010), que compila sus ensayos producidos en el último lustro, además de otros temas relacionados con el papel del autor en la sociedad contemporánea y de la crítica literaria nacional.

--¿Cómo cambiará el libro digital a la literatura? --Internet no es una moda, llegó para quedarse y ello implica que está cambiando los modos de ser de la cultura escrita en general. Ya la literatura comenzó a cambiar, no sólo por la inserción de los formatos digitales ­el hecho de que la gente fotocopie un libro y lo coloque en la web, por ejemplo­, sino por la literatura que la gente cuelga en línea para que otros lectores puedan intervenirla y hacerse partícipes del hecho literario. Un ejemplo de esto último es cuando alguien hace comentarios en un blog o cuando un autor y sus lectores participan juntos en la elaboración de un texto literario.

--¿Tal manera de escribir en grupo se refiere a la "muerte del autor" que presagiaba Roland Barthes en su ensayo homónimo de 1968, según el cual el autor tradicional que pasa sus palabras iluminadas al colectivo desaparecerá para dar paso a lectores tan capaces de construir la arquitectura de un texto? --No diría tanto así. Internet acabará con la autoría individual porque los escritores pasarán a compartir la autoría de sus textos con otros, lo cual no es posible con el libro convencional, en el cual el lector del libro impreso se imagina las cosas desde lo que el autor le plantea. Detrás de esto hay un problema político: la difuminación de la autoría individual y la posibilidad de la autoría colectiva.

--¿De esta manera no desaparece también el intelectual, si lo entendemos como la persona que piensa y se hace responsable por sus ideas? --Posiblemente sí. Las ideas se harán colectivas y el grupo responderá por ellas, lo cual, a su vez, apunta hacia la pérdida de poder político de los autores, que dejarán de ser los grandes tótem de la literatura. Estoy por supuesto elucubrando, no quiere decir que esto vaya a ocurrir en el presente inmediato. Me parece, sin embargo, que por miedo a esto muchos autores no quieren escribir en la red. Los escritores hoy son hablantes públicos importantes, son capaces de opinar sobre cualquier aspecto que tenga que ver con el desarrollo de la cultura en el mundo y tienen mucha gente que los sigue y tienen pavor de que el libro convencional desaparezca.

--¿No traerá esto problemas con el derecho de autor? --Si la autoría individual se vuelve colectiva, nadie puede reclamar derechos sobre los textos. Ahora, los derechos de autor nacieron con el libro impreso. Así fue la literatura en sus inicios. Claro que el derecho de autor desaparecería para ciertos géneros y no para otros, en el caso de los periodistas, por ejemplo, se mantendrá. La autoría individual fue tan importante que, a lo mejor, La Ilíada y La Odisea fueron producto de una escritura colectiva y para justificarla le buscamos un autor: Homero. De acuerdo con ciertas teorías, ambas fueron historias orales y quizás un hombre llamado Homero las recogió y las sistematizó. Uno, en ese caso, no podría otorgarle derechos de autor.

--Frente al avance de las plataformas digitales, ¿qué ofrece el libro el impreso? --La cultura escrita convirtió al libro en un fetiche, en un tótem, tanto que hemos llegado a pensar que no podemos vivir sin éste. Eso es falso: se puede vivir sin el libro convencional impreso.

Sin embargo, la publicación tiene una ventaja desde el punto de vista cognoscitivo intelectual: para efectos del lector, el libro encierra una verdad dentro de un conjunto de páginas limitadas por dos tapas. Internet asusta porque uno no sabe adónde acudir, mientras que el libro convencional empieza y termina. Cuando uno cierra una obra siente que ha terminado de leer un conjunto de verdades. En el caso de Internet esto no es posible. Gracias al hipertexto, uno navega por lo que lee y a lo mejor nunca lo concluye, porque te remite a una y otra y otra fuente.

Quizás uno termina leyendo algo que no fue su intención inicial. Nos acostumbramos a que la palabra escrita, por lo general, es verdad y con Internet esto cambia porque allí hay todo tipo de textos: desde opiniones personales hasta libros escritos por autoridades especializadas; es decir, desde los límites de la oralidad más cotidiana hasta la formalidad académica.

Hay gente que dice que la web tiene el problema de que no puedes llevarla a la playa para leer, pero esto es uno de los ritos asociados con el fetiche del libro. La gente no se imagina todavía leer placenteramente en la playa un libro a través de un Ipad o de una computadora portátil.

La cultura escrita nos enseñó ciertos estereotipos que rodean la lectura, la cual está mitificada para determinados grupos de lectores. Los jóvenes ya no piensan así y eso está bien.
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Entrevista con Juan Manuel Parada
Publicada en http://paradaliteraria.tk.

lunes 15 de febrero de 2010

"CON EL ADVENIMIENTO DE INTERNET SE HA POTENCIADO LA FUERZA DEL CUENTO"

Entrevista a Luis Barrera Linares, por Juan Manuel Parada
Maracaibo, 1951, Luis B. L. escritor y crítico. Uno de los más destacados y prolíficos investigadores venezolanos que han dedicado parte de su bibliografía al "Cuento breve y sus alrededores". Con esta entrevista nos planteamos ampliar los conceptos en torno al arte de narrar. Pronto las respuestas a estas mismas preguntas por: Gabriel Jiménez Emán y José Acosta.
1- Cortázar afirma que el cuento contemporáneo se propone como una máquina infalible destinada a cumplir su misión narrativa con la máxima economía de medios ¿Sigue vigente esta aseveración?
Sin duda, nunca tal afirmación tuvo más vigencia. Con el advenimiento de la Internet se han potenciado la fuerza del cuento y las exigencias para su escritura: brevedad, contundencia, concentración, reducción al mínimo de los ripios u otros elementos que perturben el desarrollo de lo que se desea contar. El cuento tiene que ser una cuchillada infalible, certera, si quieres lograr que su efecto llegue a un lector y perdure en su memoria.
2- ¿Cuáles son sus claves para construir un relato visual?
No estoy seguro de lo que implicaría un “relato visual”. Si se trata de ofrecer historias en las que lo descriptivo se imponga por sobre lo narrativo, pues el cuentista debe concentrarse en lo que los teóricos del cuento llaman el “escenario”, la “atmósfera”, el espacio en el que se mueven los personajes. Y no se trata de una contradicción en la que la historia desaparezca, es más bien una orientación narrativa en la que el peso de los cuadros es determinante a la hora de cerrar un argumento. No creo que ello sea más o menos exigente, ni más o menos pertinente, que un cuento donde predomine lo épico (los acontecimientos). Es una modalidad narrativa distinta, nada más, distinta incluso de la categoría que algunos denominan “cuento lírico” (más enfocado hacia ciertas imágenes).
3- ¿Es importante el estímulo sensorial a través del texto narrativo?
Sí, naturalmente, así como lo es para cualquier otro tipo de texto. No basta que el texto diga “llovía”, “había cascadas”, “los ríos…”, etc. Se precisa que el lector perciba a través de las palabras una sensación de humedad. Me parece que se trata de un aspecto fundamental de la escritura literaria en general. Si con un texto que presumes de literario (narrativo o de otra categoría) no haces sentir nada al lector, será mejor que comiences a escribir otro. Al cesto. Lo que puede pasar es que cada texto posea ciertos vínculos casi mágicos que lo conducen a ser “identificado” por unos lectores y no por otros. Digo, se trata de compartir “sensaciones” con otros y eso no necesariamente se logra con todos, ni siquiera en los casos de los clásicos. Hay lectores para quienes algunos clásicos resultan “aburridos” e incluso “prescindibles”. Y a lo mejor tiene que ver con que no les llegan, no golpean su sensibilidad, al menos en un momento determinado de lectura.
4- ¿Cómo se logra la naturalidad en el arte de narrar?
Hay que ser sincero, no prefabricar nada, no suponer “con este cuento o esta novela me propongo…”. Eso es artificio. La literatura tiene que ser sincera, espontánea, dejar a un lado los prejuicios de los que puedas haber aprendido qué es “literatura” y dejar que tu discurso fluya sin camisas de fuerza, libre, como si estuvieras hablando con otro…
4- ¿Qué es el estilo?
La forma particular en que como escritor has aprendido que debe ser planteado un texto, tus manías escriturales, los guiños específicos y muy personales con los que logras cautivar a un lector de cualquier tiempo.
6- ¿Continúa vigente la estructura: Presentación, Conflicto y Desenlace para el desarrollo de un cuento?
Sí, no importa si aparecen en ese estricto orden, siempre están. Los griegos fueron acertados en eso. Es el esquema planteado desde la antigüedad por Aristóteles. Puedes alterarlos, desordenarlos, ocultarlos en una historia, pero siempre el lector tendrá la posibilidad de organizarlos mentalmente. En el caso del relato, se trata de un desiderátum.
7- ¿Algunas claves para lograr la intensidad narrativa?
Cero prejuicios acerca de lo que dicen los manuales o la crítica. Permitir que la escritura fluya sin obstáculos y, muy importante, no hastiarte de dudar en relación con la forma acabada de un texto. Me parece que la sinceridad es aquí un factor importante, relevante. Cada texto te va ofreciendo su propia estructura y organización. Si logras capturarla y no la desvías, habrá intensidad.
8- ¿Cómo se construye un personaje creíble?
Convenciendo al lector de tu seguridad total acerca de su existencia. Aquí no hay límites y esto no tiene que ver con lo real o con lo imaginario y lo virtual. Si estás seguro de la “personalidad” de tu personaje y él se comporta como debe hacerlo, el lector no dudará de él. La credibilidad la pone el escritor y debe asimilarla el lector. También es importante que un personaje resulte verosímil en el marco de la historia en que aparece.
9- ¿Importancia de los diálogos en el cuento moderno?
Soy poco adicto a los diálogos prefabricados e interminables. Me parece que son importantes, pero es necesario utilizarlos racionalmente, cuando se precisan, como ocurre en el lenguaje cotidiano. El diálogo es tan importante como otros factores. Tanto que desde que comienzas a escribir tu texto, estás abriendo ya una posibilidad de diálogo con unos lectores a los que no conoces, otros ni habrán nacido. La literatura es de hecho un diálogo con unos destinatarios que son un enigma y en consecuencia es la recreación de un universo sostenido con base en el lenguaje. Si el diálogo es uno de sus aspectos relevantes de esa facultad, claro que, como recurso narrativo, debe tener el mismo nivel de importancia en la literatura.
JUAN MANUEL PARADA



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Por Ana María Hernández

30-05-2009

Entrevista // Luis Barrera Linares, autor de "sin partida de yacimiento"

"No me retiraría del Rómulo"

"El Rómulo siempre ha sido un premio ansiado por los escritores, porque, dígase lo que se diga, es consagratorio"

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A Luis Barrera Linares le interesa rescatar el valor literario de la crónica.
Luis Barrera Linares, maragocho (hijo de maracucho con gocha), es un escribidor que también tiene su tía: Eloína Padrón, la condesa, personaje que protagoniza el reciente libro de Barrera, Sin partida de yacimiento (bid&co). Novela o colección de crónicas, el profesor y crítico se expone a ser leído en clave de ficción tras seis años: en 2003 publicó Cuentos en-red-@-dos, texto al que luego le siguieron cinco libros de ensayos.

La vida de Barrera transcurre entre la Academia de la Lengua, la colección de autores venezolanos de Alfaguara y sus dos blogs: barreralinares.blogspot. com y luisbarreralinares.blogs pot.com.

-Tenía tiempo sin publicar ficción&

-La última novela fue de 1999, Sobre héroes y tombos. La gente pensaba que yo estaba muerto.

-Y estaba dedicado a los estudios literarios&

-A la crítica, pero yo sigo trabajando. Lo que pasa es que este trabajo en particular, Sin partida de yacimiento, me llevó muchos años. Yo diría que casi once años. Pero no soy el responsable de si es una novela o no. No me corresponde a mí ubicarlo. Ese es trabajo del crítico.

-En ese rol, ¿qué diría?

-Podría decir: hay un narrador común a todos los relatos y hay una hilación de los relatos que a mí me resultó interesante hacerlos en el estilo de las crónicas de la prensa y que hago ahora en Internet. Me parece que la crónica es como un género que hay que rescatar para la literatura, un género al que le ha llegado su momento, por la brevedad, la concisión, por la necesidad de no ser tan pesado, por la amenidad que requiere.

-¿Cuánto hay de autobiográfico en este libro?

-Hay y no hay, porque la mayoría de los relatos están originados en una anécdota que yo escuché, que viví, y no importa, y a partir de ese relato todo lo demás es ficción. Hay nombres de la política venezolana, el del pueblo, Los Puertos de Altagracia, Trujillo, pero yo prefiero llamarlos recuerdos inventados, por eso no es una autobiografía.

-Lo del yacimiento, lo petrolero&

-Me gusta jugar con las palabras. La idea es que aquellas personas tenían eso: no hacían en las jefaturas civiles partidas de nacimiento sino de yacimiento, cada quien tenía su pozo. Eso sí es intencional, irónico.

-Se le notan los juegos de palabras&

-Que a mí me gustan muchísimo. Creo que un escritor tiene que usar el lenguaje para malearlo, para moverlo y removerlo. La literalidad absoluta no es amiga de la creación literaria.

-¿Cómo se siente sacando este libro después de haber escrito tanta crítica?

-Yo primero soy profesor universitario, de lo que he vivido prácticamente toda mi vida. Segundo, he intentado hacer crítica literaria responsablemente. Eso me ha traído inconvenientes. Hacer crítica literaria en un país como Venezuela no es fácil, porque todo el mundo cree que están hiriendo sus sentimientos y además, lo más importante para mí es mi carrera de narrador. Lo que pasa es que tengo que vivir de la universidad y ella me llevó a hacer crítica.

-Después de haber hecho crítica, le dirán "Ajá, míralo a él publicando&"

-Yo estoy escribiendo narrativa desde 1980, y corro mis riesgos: los lectores tienen derecho a decir lo que quieran, y en eso yo no participo para nada, ni me disgusto tampoco.

-¿Qué prepara ahora?

-Empecé a escribir una novela de la que apenas tengo unas sesenta cuartillas. Tiene que ver con el mundo literario y los premios. Me interesa mucho eso de las glorias literarias, cómo la gente cree que un premio define toda su trayectoria.

-Como lo que está pasando con el Rómulo Gallegos&

-El Rómulo siempre ha sido un premio ansiado por los escritores, porque, dígase lo que se diga, es un premio consagratorio. Si yo hubiera tenido una novela en el Rómulo, te lo digo abiertamente, no tendría por qué retirarme.
Ana María Hernández G.
EL UNIVERSAL
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Tal Cual, Caracas 21 de mayo de 2009.
Pluma vengadora
El escritor Luis Barrera Linares presenta un libro de relatos cuyos hilos conductores son la venganza y el petróleo
Por: Carmen Victoria Méndez





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Todo escritor es un vengador en potencia, una suerte de asesino que utiliza la ficción para saldar cuentas con la realidad que lo rodea. Así define Luis Barrera Linares su rol en su más reciente libro, titulado Sin partida de yacimiento, presentado la semana pasada por el sello Bid&co editor.

La obra es descrita por su propio autor como "un conjunto de relatos hilvanados por la presencia recurrente y común de un narrador". Ese narrador se llama Sobrino y es el vengador adolescente que toma la pluma para poner en su sitio a su tía, a sus hermanas, a sus compañeros de colegio y a sus vecinos del pueblo Los Puertos de Altagracia.

"Utilizo la literatura con ese fin, por eso digo que es un instrumento para la venganza. Me valgo de la parodia, la ridiculización e incluso la exaltación, porque uno no sólo se venga en sentido negativo sino a través del elogio", dice Barrera Linares mientras se toma un café, en la víspera de la presentación de su libro.

El autor se vale del petróleo como leitmotiv de sus relatos. A diferencia de Oficina Nº1 o Mancha de aceite ­las dos novelas del petróleo de Miguel Otero Silva y César Uribe Piedrahita, respectivamente­ el tema de Sin partida de yacimien- to no es la explotación petrolera sino las brechas que este fenómeno creó en la sociedad venezolana.

La pluma de Barrera Linares recrea a una clase social alimentada por las empresas petroleras, cuya contraparte son el resto de los venezolanos, quienes no perciben los beneficios directos del negocio del oro negro. "En mi niñez noté que había un grupo que no tenía `partida de yacimiento’, como dice el narrador, lo que sí tenían los empleados de las empresas petroleras que parecían haber nacido con la palabra `petróleo’ marcada en la frente".

Barrera Linares escribe sobre la separación de esos dos grupos sociales enfrentados en un pequeño pueblo del occidente del país.

"Unos eran excesivamente privilegiados y otros no disfrutaban de ningún beneficio, pero no teníamos más remedio que convivir en el mismo liceo, utilizar las mismas calles e ir a los mismos comercios".

La materia prima de los relatos son las vivencias del propio autor, pasadas por el tamiz de la ficción.

"Sin partida de yacimiento no es una autobiografía. Los relatos no tienen que ver con mi vida sino con hechos que en algún momento presencié y se quedaron fijados en mi memoria. Cada uno de esos hechos es un subcapítulo de este libro".

Las 173 páginas de Sin partida de yacimiento están repletas de venezolanismos y regionalismos que dan una idea de cómo se habla en el país. "Quise hacer una especie de homenaje al español de Venezuela, algo que siempre me había planteado. Parece que, en general, el escritor venezolano teme utilizar sus propias palabras.

Abres un texto de literatura mexicana de cualquier género y vez los mexicanismos por doquier. Los mexicanos no tienen ningún problema en utilizar sus propias expresiones para exportarlas. Esa es la idea. El libro es un homenaje a la variante venezolana del idioma y por eso no tuve ningún empacho en utilizarla".

La primera versión de la obra incluía notas al pie de página, en las cuales se aclaraba el significado de cada una de las expresiones. Sin embargo, el autor prefirió eliminarlas e implicar los significados dentro del contexto. "No creo que el desconocimiento de esas expresiones detenga al lector, porque los contextos siempre aclaran los significados. De otro modo nadie leería porque tampoco hay una especie de español universal absolutamente neutro para los 400 millones de hablantes de esa lengua".


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Diario El Nacional, Caracas, 29 de mayo de 2009

Cultura

ENTREVISTA Sin partida de yacimiento es el octavo libro en el género narrativa del crítico literario
Luis Barrera Linares: "Le tengo pavor a ser un escritor aburrido"
El autor presenta una novela construida con crónicas de vida y retazos ficticios de sus memorias

MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

Luis Barrera Linares: Hay que rescatar la crónica como texto de re-creación a favor de la narrativa MANUEL SARDÁ
Luis Barrera Linares sorprende por su sencillez en el trato y su capacidad de síntesis, todo lo contrario de lo que se espera de un académico dedicado a analizar el complicado panorama literario nacional.

Él mismo escribe en un libro suyo, La negación del rostro (2006), que en la literatura nacional sobran los autores con complejo de mesías que ven de menos la república literaria de Venezuela ­"Es como si se dijeran a sí mismos: `Yo soy la única estrella que brilla en este firmamento", señala durante la entrevista--. Pero él dista mucho de este perfil. Su erudición y humildad se sienten en cada palabra, porque ve la literatura como un juego, uno que construye la cultura del país.

Acaba de publicar otro libro de narrativa, el octavo que edita en ese género, que lleva el título de Sin partida de yacimiento. Crónicas en la memoria.

La novela está hecha de 16 crónicas elaboradas sobre la ficción y los recuerdos de la niñez, que abarcan desde los años mozos hasta que se convierte en profesor universitario.

"Reduje el lapso para la novela, pues creo mucho en la brevedad y quise hacer una colección de relatos que pretendía ser una novela breve. Algunas crónicas estaban repetidas y las obvié. También saqué las que no tenían tanta relevancia y otras las reservé para un libro de cuentos que quiero escribir más adelante", indica.

El género de la crónica le ofrece dos ventajas al narrador; su versatilidad y su contundencia narrativa. La considera una "tipología de emergencia", que le pide al autor concisión, rapidez narrativa y diversidad temática, cualidades que se resumen todas en lo que él llama "escasa digresión". Los ingredientes de la ficción redimensionan la crónica y la convierten en una novela.

­¿Quiere que su libro se lea como una colección de crónicas o como una novela? ­En cuanto al género al que pueda pertenecer el libro, creo que corresponde a otros ubicarlo. Ofrezco un trabajo de narrativa, lo de "crónicas" en el subtítulo alude al formato periodístico, porque algunos de los capítulos surgieron como producto de crónicas que en algún momento escribí para la prensa, en mi columna "La duda melódica". Hay que rescatar la crónica como texto de re-creación a favor de la narrativa, darle su justo valor como posibilidad para enganchar al lector.

­¿Qué diferencia en su caso el perfil del crítico y del narrador? ­En la narrativa trabajo el humor y en la crítica, más que humorístico, soy irónico. Sin embargo, siempre trato de quitarme el ropaje de crítico cuando escribo narrativa, e incluso algunos me dicen que parecen dos personas distintas. En narrativa me doy libertad, me interesa que la gente se sienta bien cuando lee mis cosas. Le tengo pavor a ser un escritor aburrido.

­En La negación del rostro describe al autor venezolano como demasiado ocupado en las glorias personales...

¿cuál es el perfil del escritor venezolano? ­Desde comienzos del siglo XIX y hasta finales del siglo XX hubo una situación extraña, que reflejo en ese libro, en la que el autor negaba su entorno pero no a sí mismo. Cuando un escritor venezolano viaja persiste en esa negación del país como país literario. Si nosotros mismos nos subestimamos, ¿cómo podemos aspirar a que valoren nuestra cultura?

­¿Qué papel juega la nueva generación de autores? ­Los escritores más jóvenes se autovaloran más que sus pares en el pasado y eso se percibe en el mundo editorial actual. La gente está leyendo más autores venezolanos de los que leía hace una década atrás.

Además, el escritor venezolano ahora es menos "literatoso", más libre en el uso del lenguaje y en la experimentación en general y eso gusta más al público.

Bibliografía critica
Luis Barrera Linares tiene una trayectoria amplia en el terreno de la literatura, como narrador, docente e investigador de las letras nacionales.

Ha escrito varias antologías sobre el tema. Entre otros libros suyos están: Del cuen- to y sus alrededores (1993) ­una referencia obligada para los jóvenes cultores del género--, 30 años de narra- tiva venezolana, 1960-1990 (1992) y Discurso y literatu- ra (1995).

Otro título importante para la formación de nuevos talentos es Psicolingüística y desarrollo del español (1999 y 2004), en el que el autor habla de su pasión por el idioma.

"Las palabras existen en el momento en el que uno empieza a pensarlas y les da cierta relevancia en la comunicación cotidiana y la estricta", explica.

La negación del rostro (2005) es el título más reciente que ha publicado como crítico literario. En él analiza el perfil de los autores venezolanos a lo largo de la historia.

En 1994, Luis Barrera Linares obtuvo el Premio Municipal de Literatura por el ensayo El traje narrativo de Oswaldo Trejo.


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Diario El Nuevo País, Caracas, 15 de agosto de 2009
Entrevista por Marina Jacinto


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Oficina de Prensa, ULA

Los “nativos digitales” leen y escriben más que los jóvenes de hace veinte años

Viernes, 26 de Junio de 2009 09:24 Adriana Heras
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Según Luis Barrera Linares existen prejuicios con el tipo de escritura rápida generada en los mensajes de texto y el chateo (Fotografía cortesía de Zandra Araujo)
Para el investigador y profesor universitario Luis Barrera Linares, la noción de “hipertexto” -o la forma de vincular un texto con otros inherentes a éste- no llegó con la Internet.
La Internet -que no es más que “un conjunto de computadoras conectadas entre sí, compartiendo una determinada cantidad de contenidos” (Tomado de http://www.misrespuestas.com/que-es-el-internet.html)- ha potenciado esa particularidad que tiene el hipertexto de permitir al lector conectarse, a partir de un texto base, con otros que circulan a través de la red y que pueden ser infinitos.
“Eso cambiará, definitivamente, el modo de leer literatura en cualquier lengua –indica Barreras-, pues ahora el lector tiene la oportunidad de indagar fuentes, de ver otras páginas, de leer textos parecidos al que está leyendo, de ver otros que no están relacionados propiamente con la literatura, es decir, de leer cualquier cosa a la cual pueda accesar a través de algún vínculo que le ofrezca el texto que está leyendo”.
-¿Qué pasa entonces con el libro impreso convencional y la literatura que circula en la Internet?
El libro impreso convencional tiene una ventaja: se puede cerrar, es decir, cuando se termina de leer, el lector tiene la satisfacción de decir “he concluido la lectura de un libro, he terminado de descubrir una verdad independientemente de su contenido” y allí el autor es muy importante. Con la lectura en Internet esa noción de verdad y del libro que se cierra no tiene ningún sentido, porque se puede comenzar a leer un texto y es probable que no se termine, debido a que tenemos la posibilidad de conectarnos con toda esa cantidad de vínculos que ofrece ese mismo libro.

-¿En qué momento entonces se culmina la lectura en la red?
Eso dependerá de la disciplina que tiene el lector, del modo en que quiera leer, pero la noción es distinta. Y no me estoy refiriendo a los libros impresos que son escaneados y colocados en la red como textos fijos, esos siguen siendo libros a los cuales sólo se les ha cambiado el soporte; hago mención a los libros que se generan para que circulen exclusivamente en los llamados entornos digitales, es decir, para ser colgados, saqueados y leídos en la red y para que el lector haga con ellos lo que quiera, incluso, tener la facultad de modificarlos, alterarlos y no terminarlos nunca si no quiere.

-¿Es probable que las nuevas generaciones se inclinen más por este tipo de literatura digital?
En el mundo, en este momento, estamos conviviendo tres tipos de ciudadanos: los que no tienen ningún acceso a Internet porque no quieren o no les interesa y que son llamados peyorativamente “ciber-analfabetos”; los que no nacimos con la Internet pero que nos interesa y que recibimos el nombre de “inmigrantes digitales”, porque venimos de un mundo distinto y estamos inmigrando a la red de redes; y los “nativos digitales”, que han nacido pensando que la Internet forma parte de la vida, es decir, no tienen idea de que surgió después del desarrollo de la humanidad. Para esos “nativos digitales” es para quienes se están produciendo, principalmente, los libros que circulan en la red, nosotros sólo somos visitantes que tenemos un pie en este mundo y el otro en el del ciber-lenguaje. Ya hay casos de estudiantes universitarios cuya adquisición de libros físicos durante toda la carrera es mínima, lo cual indica que sus fuentes fundamentales de información están en la Internet. Si eso es ahora, imagino que dentro de 50 o 60 años, la red de redes va a definir tales fuentes para estudiar una carrera universitaria.

-Pero estamos hablando de lectura académica ¿podemos predecir también que la Internet es un medio ideal para f
La “ciberlingua” está signada por la rapidez, sin embargo, los jóvenes universitarios no escriben un trabajo académico de la misma forma (Fotografía tomada de www.google.com)
omentar la lectura entre los más jóvenes?
No soy pesimista y creo que los “nativos digitales” leen y escriben mucho más que los adolescentes de hace veinte años. No sólo escriben en la Internet, sino también a través de la telefonía celular, del chateo y de los foros de discusión.

-¿Cómo se puede definir ese tipo de escritura generada en medios de difusión como el chateo y los mensajes de texto?
Hay prejuicios con este tipo de escritura, caracterizada por la simplicidad, las abreviaturas y la “ciberlingua” o la omisión de vocales y la reducción de las palabras al mínimo. Digo que son prejuicios porque cuando nos expresamos oralmente omitimos palabras, usamos abreviaturas, recortamos oraciones y nadie se queja de eso. Ese tipo de escritura tiene mucha influencia de la lengua oral y el mensaje se produce para que sea procesado con mucha rapidez y son emitidos, en consecuencia, con mucha rapidez. Pero eso sólo se hace en ciertos contextos, es decir, un estudiante universitario no escribe todavía un trabajo académico con ese tipo de lenguaje. Los más jóvenes son mucho más lectores y usan mucho más ese medio simplemente porque creen que Internet siempre existió.

El profesor Luis Barrera Linares ofreció esta conferencia, titulada “Juicios, prejuicios y desperdicios de la comunicación lingüística y literaria” durante el “Quinto Congreso Internacional de la Cátedra Unesco para el Mejoramiento de la Calidad y Equidad de la Educación en América Latina con Base en la Lectura y la Escritura”, realizado en Caracas y en donde la Universidad de Los Andes tuvo una importante representación.
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Por: Pablo Villamizar

[Publicada en página web de Monte Ávila Editores (20-11-2006)]

Autor del mes por la publicación de
La negación del rostro. Caracas: Monte Ávila, 2005.


Luis Barrera Linares: “La escritura sirve para estar en el Universo”
El hijo de Amelia Rosa Linares Milla, jefa de cocina de hoteles, clubes y de casas pudientes de Trujillo, y José Ramón Barrera, oficinista y administrador maracucho, se abrió camino en Caracas (cuando llegó proveniente de Maracaibo a los 14 años) a punta de lectura, escritura y mucha investigación.
Con el pasar de los días y las noches, luego de estudiar bachillerato y trabajar simul
táneamente, viviendo solo en pensiones y casas de vecindad de la capital v
enezolana, Luis Barrera Linares logró obtener una licenciatura y, posteriormente, un doctorado en Letras. Hoy su nombre está ligado en buenos términos a la investigación literaria, a la narrativa, a la docencia universitaria y, en definitiva, a la palabra con todos y cada uno de sus alrededores.
Pero ante todo Barrera Linares es autor de un importante conjunto de ensayos críticos
, entre ellos, Memoria y cuento. Treinta años de narrativa venezolana 1960–1990Psicolingüística y desarrollo del español (tomos I y II); y Del cuento y sus alrededores. En el ámbito creativo, escribió Beberes de un ciudadano, libro de cuentos que obtuvo, en 1986, el Premio Conac de Narrativa.
Hoy, con 55 años a cuestas, invierte su tiempo como profesor titular de la Universidad Simón Bolívar (doctorado y maestría) y como Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua. Su libro más reciente, La negación del rostro. Apuntes de una egoteca de la narrativa venezolana masculina (Monte Ávila Editores, colección Estudios, 2005), ya tiene varios meses en la calle, dando de qué hablar entre un nutrido grupo de mortales interesados en la literatura: ya sea críticos, autores o lectores.
Ofrecemos a continuación las respuesta de este ensayista venezolano (de aspecto c
allado, pero sumamente crítico y observador) a un cuestionario que, como de costumbre, intenta revelarle al lector, guión a guión, algunos elementos básicos de la naturaleza de todo escritor que escribe para vivir y, por supuesto, para morir.
Para fraguar venganzas
–¿Qué es la escritura?
–Una manera de asumir la vida, un modo de apresar la cotidianidad.
–¿Para qué sirve la escritura? 
–Para estar en el universo, para ser y padecer. También sirve para construirles tumbas a los demonios y aureolas a los ángeles. Y en el caso de los narradores para fraguar tus venganzas de papel ty inta, convirtiendo a tus adversarios en personajes, o para mentir sin culpa, como decía Denzil Romero.
–¿Hay algo que le falte por escribir? 
–Sí, creo que bastante, sin saber exactamente cuánto ni qué, porque vivir a expensas del lenguaje te obliga a escribir hasta el último día. A corto plazo he decidido entregar algunos apuntes de vida a mi tía Eloína (mi personaje más querido) para que sea ella quien arme con eso un relato y le dé forma. Y para quienes se han disgustado con La negación del rostro , espero además escribir alguna vez un ensayo crítico en el que pueda decir que los escritores venezolanos nos queremos demasiado para dejarnos ningunear en el ámbito latinoamericano.
–¿Cuál de sus libros es el más querido por usted?
–De los que ya existen, y en cuanto a ficción, el más travieso, espontáneo y descarriado ha sido Parto de caballeros .
–De no haber sido escritor y profesor universitario, ¿qué oficio hubiese preferido? 
–El allanamiento y cierre de la Universidad Central de Venezuela, que le debemos al doctor Rafael Caldera, me sacó de mis aspiraciones de ser reportero de calle y mi mayor fantasía laboral ha sido ser cantante de rancheras montado a caballo, tipo Mauricio Rosales, a quien apodaban “El Rayo”, aunque no sé cantar ni galopar. Pura ficción.
–¿Un país que le gustaría visitar?
–Más que un país específico, desde que leía historietas, he querido viajar al Kilimanjaro, no tanto por la región en sí, sino por conocer de verdad a la mamá de Tarzán. La he oído mencionar mucho, pero jamás la he visto en persona.
–¿Cuál es la comida favorita de Luis Barrera Linares? 
–Espaguetis con mantequilla, queso blanco rayado y salsa de tomate. Consecuencia de mis andanzas a finales de 1960 como portero adolescente de hoteles de mala y de buena muerte en el centro de Caracas. Era la comida más barata, pero me quedó el hábito. Aberraciones de clase, pues.
–¿Cuál es su bebida favorita?
–Después de haber probado el carato de concha de yuca fermentada que alguna vez nos mandó recomendar Pastor Heydra por la televisión, cuado era ministro de “desinformación” de CAP y sabiendo que el chirrinche guajiro y el miche claro trujillano te calcinan las papilas, ahora prefiero el “güisqui”, pero escrito así, para que parezca una bebida nacional fabricada en Cabudare y no importada de Escocia.
–¿Cuál obra de la historia de la literatura universal le hubiese gustado escribir? 
–Para ser coherente debería decir Escena de un spaguetti western de Armando José Sequera, pero no es ésa, es ¡Viva la pasta! de Renato Rodríguez.
–¿Cuál personaje de la historia de la literatura universal le hubiese gustado ser?
–Ninguno, todos están muy (des) gastados por la crítica literaria.
–¿A qué hora del día escribe Luis Barrera Linares? 
–A todas, de todo, para muchos: desde memorandos y cartas formales hasta relatos y artículos de crítica especializada o para la prensa, pasando por la mensajería de correo electrónico y telefonía celular, hasta la lista manuscrita de las diligencias que debo hacer cada día y de las tareas pendientes. Anoto todo porque tengo una memoria detestable. Pero para escribir no requiero ni uniformes especiales, ni condiciones ambientales de esas que se les ocurren a algunos poetas, narradores excéntricos y ensayistas pedantones .
–¿Cuál es el título del último libro que leyó?
–Descontando los tantos que debo leer profesionalmente en mi labor de asesor editorial o de jurado de algo, tengo que nombrar dos excelentes novelas breves de la literatura latinoamericana porque las leí en paralelo : Rosario Tijeras del colombiano Jorge Franco y Corrector de estilo del venezolano Milton Quero. A la primera no le falta nada; la segunda es definitivamente la cotidianidad de una de mis ciudades: Maracaibo.
–¿Cuál es el título del último libro que no terminó de leer? 
–El turno del escriba (Premio Alfaguara 2005), y mira que es difícil que un autor o autora logre que yo no termine su libro.
–¿Cuál es su género musical favorito?
–Me debato entre el bolero y las rancheras. Solución conciliatoria: el bolero ranchero.
–¿Cuál es la película que recuerda con más cariño? 
–Toda la serie de películas de Cantinflas. El manejo de los juegos de lenguaje de ese personaje siempre me llamó la atención.
–¿Cuál es su mayor debilidad? 
–La lealtad, porque creyendo en ella me he estrellado muchísimas veces.
–¿Cuál es su mayor fortaleza? 
–El olfato. Como buen “maragocho” (mezcla de maracucho con gocho), huelo a los farsantes, a los tinterillos, a los retóricos, a los adulantes, a los chismosos, a los tramposos, a los tránsfugas, a los oportunistas, a los incapaces vestidos de eficientes, a los petulantes y soberbios, aunque sé que no puedo hacer nada para que no existan y “triunfen”, pero me sirve para cuidarme de ellos y ellas.
–¿Cuál es la mayor imprudencia que ha cometido en su vida? 
–Creer que hablar sinceramente, claro y directo, implica automáticamente tranquilidad de espíritu y comprensión. Eso sí es un sueño.
–¿Qué le gustaría hacer el día, o la noche, en que la muerte venga a buscarlo? 
–Vade Retro. Nada, absolutamente nada, porque desde niño he tratado de sacudírmela escribiendo sobre ella y matándola. Lo más que podría hacer es escribir un cuento en el que yo galopo en pleno llano un caballo y ella es un personaje “autosuicida”.

–Si pudiera seleccionar el epitafio de su tumba, ¿qué escribiría? 
–No tuvo tiempo de montar en su caballo.

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Luis Barrera Linares: «La academia tiene que salir a la calle» 
Agencia Bolivariana de Noticias 09/05/2005 Caracas.


El Sillón Letra D de la Academia Venezolana de la Lengua, que había quedado vacío tras la muerte del Dr. Pedro Juan Krisólogo Bastard, ya tiene un nuevo ocupante: el escritor y docente Luís Guillermo Barrera Linares.

Oriundo de Maracaibo, Barrera Linares, con 54 años de edad, es uno de los venezolanos más jóvenes al que se le ha otorgado este honor. El nombramiento responde a la fructífera carrera que ha desarrollado tanto en la docencia y en la investigación lingüística, como en el ámbito de la creación literaria.

Doctor en Letras, Barrera Linares actualmente es Profesor Titular de la Universidad Simón Bolívar. Desde el frío y hermoso Valle de Sartenejas, donde desarrolla parte de su labor docente en la USB, prepara su discurso de ingreso a la máxima institución académica de la lengua en Venezuela, mientras que alumnos y compañeros no dejan de felicitarlo.

-¿Podría adelantarnos algunas de las ideas del discurso que pronunciará?

-Por supuesto que hablaré sobre la figura de Pedro Krisólogo; del honor que ha sido para mí el ocupar el que fue su puesto. Desarrollaré algunas ideas sobre lo que he venido investigando, por ejemplo el efecto de los medios de comunicación en el lenguaje, y la forma en que se comunican los jóvenes de hoy con las nuevas tecnologías. Otro de los puntos que quiero tratar es la necesidad de que hablemos de «español de Venezuela», es decir, un español con «apellido». Cada país añade características especiales a su lenguaje.

-En estos tiempos algunas palabras han ganado nuevos significados, como es el caso del término «Soberano» ¿Cree que vivimos también una «Revolución del Lenguaje»?

-Definitivamente sí. El lenguaje es un poderoso medio de establecer ideas en las mentes de las personas. Y son estas ideas las que determinarán su conducta. Creo que todos los que de alguna u otra forma servimos como ejemplo en el uso del lenguaje - profesores, comunicadores y funcionarios públicos- debemos tomar conciencia de nuestro rol como modeladores de la conducta de la colectividad.

-¿Es acaso usted el escritor más joven que ocupa un puesto en la Academia Venezolana de la Lengua?

-Hace un mes ingresó a la Academia el colega Francisco Javier Pérez, de 45 años. En la actualidad los profesionales de las letras tenemos mayor oportunidad de hacer más trabajos en menos tiempo; quizás por esto la edad de ingreso a la Academia de la Lengua se ha reducido. Además creo que el propósito de la nueva directiva es darle cabida a una nueva generación que pueda aportar nuevas propuestas. Algo que me llama la atención es el hecho de que parte de los que me postularon han sido mis profesores, tanto en bachillerato como en la universidad. Esto ha constituido para mí un honor que no puedo rechazar.

Muchos recuerdan a Barrera Linares por su columna «La duda melódica», publicada en el diario El Nacional, desde 1992 hasta el 2001. Tanto èste como los títulos de sus libros denotan la afición del novel académico por los juegos de palabras.

-Me gusta mucho -admite- hacer juegos de palabras. En este caso quise hacer referencia a la conocida «duda metódica». Sobre esta columna lo que más me satisfizo fue la receptividad de los lectores. Para hacerlos reflexionar sobre los temas que escribía utilizaba cierto grado de humor, ironía y parodia. Yo creo que a la gente le gusta eso: El lenguaje no tiene porqué ser tan formal. Eso sí, para poder jugar con el lenguaje, primero hay que conocerlo bien. Además siempre hay que tener en mente que escribimos para algún otro al cual debemos seducir con nuestras palabras.

Además de publicar libros sobre crítica literaria y lingüística, como es el caso de «Psicolingüística y desarrollo del español»; también ha trabajado la narrativa en libros de cuentos como «En el bar la vida es más sabrosa», «Beberes de un ciudadano», «Parto de caballeros», «Sobre héroes y tombos», entre otros. Entre los reconocimientos que ha recibido se encuentra el Premio Municipal de Literatura 1994, por su obra «El traje narrativo de Oswaldo Trejo».

-Algunos pueden ver la Academia de la Lengua como una especie de «Policía de las letras» ¿Qué opina usted de esa imagen negativa? -La idea de que fuera un fiscal, si en algún momento lo fue, ya se perdió. Ahora más bien se ve como una institución que estudia el ritmo de funcionamiento del lenguaje que produce la gente. Ya no tiene sentido aquel viejo lema con que se fundó la Real Academia Española de la Lengua de «limpiar, fijar y dar esplendor» a la lengua. Hubo momentos en que el lenguaje llegó a estar por un lado y los académicos por otro. La función hoy día no es el de fijar el rumbo, ni los cambios que el lenguaje debe tener. La Academia tiene que salir a la calle; usar más el lenguaje de cara al país.

-¿Qué opina sobre la producción narrativa venezolana? ¿Es acaso de menor valor que la poética como algunos han señalado?

-La narrativa venezolana parece sufrir una especie de maldición genética. Desde finales del siglo XIX se viene diciendo que en Venezuela hay excelente poesía pero no muy buena narrativa. De tanto repetirlo esto se ha convertido en un lugar común, que no responde a la realidad. Es típico de los venezolanos no reconocer sus virtudes. Se dice que somos borrachos, parranderos, flojos y hasta malos amantes. Yo creo que hay muy buenos narradores en la actualidad, pero pareciera que no desean publicitarse, además de la poca producción literaria que se edita actualmente en el país.


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Entrevista con Héctor Torres / www.ficciónbreve.org [2004]


Conciliar a Luis Barrera Linares dentro de sus aparentes contradicciones es una tarea compleja. Sus cuentos derrochan parodias, juegos de palabras, burlas a lo solemne; sin embargo, la primera impresión que ofrece es la de una persona muy seria, y hasta reservada. Por otra parte, el lenguaje llano y directo con el cual se comunica, tanto en sus textos como en sus conversaciones literarias, le resta adustez a su doctorado en Letras y su prolongado ejercicio de la docencia. Por si lo anterior no bastara, su franqueza y generosidad parecen burlarse de ese "Barrera" con el cual firma sus libros.
Renunciando a resolver tan intrincados dilemas, sólo dignos de alguien que disfruta de lo paradójico de la cotidianidad, nos trasladamos hasta su casa para conversar con él sobre los diversos roles que le ha tocado jugar en el mundo de los libros; así como sus impresiones en torno a la enseñanza de la literatura en Venezuela y sobre la situación actual de nuestra literatura, en general. Su trabajo como lector anónimo para varias editoriales, su permanente investigación y el hecho de haber conducido algunas antologías sobre el cuento en Venezuela, permiten decir sin exageración que es uno de los hombres que más ha leído sobre narrativa contemporánea venezolana. El silencio de su estudio fue el escenario de esta amena conversación.

"si se escribiera para sí mismo, publicar lo escrito se constituiría en un acto de despilfarro insólito e inexplicable."

Luis Barrera Linares:
Si los escritores no miran hacia afuera se condenan a la inexistencia

En tus cuentos sueles hacer frecuentes retratos de las pugnas y mezquindades del ambiente literario. ¿Consideras eso algo característico de los grupos literarios venezolanos?
Yo creo que eso es propio de la cultura en general, no solamente de la venezolana. Esas inquinas y pequeñas zancadillas que los escritores se van poniendo unos a otros existen en España, en Latinoamérica, en Estados Unidos, en cualquier parte. Lo que pasa en Venezuela es que como somos tan poquitos, se nota más. Como el espacio es tan pequeño y tan limitado, casi nos conocemos todos. Entonces también nos enteramos de todas las cosas que pasan.
Pero en el caso de Venezuela, ¿Cuál será el móvil de esas enemistades, dado que no es el dinero?
Bueno, (ríe) eso sí sería curioso de investigarlo. Es cierto, en Venezuela la literatura aparentemente no produce dinero. Aparentemente, porque hay escritores que si bien no viven de lo que publican, sí viven de la literatura, como es mi caso.
Pero el problema más bien es el encerramiento nuestro, es decir, como tenemos una tradición de habernos encerrado en nuestra propia concha, considerándonos distintos, por alguna razón, del resto de Latinoamérica, nos hemos convertido en una especie de isla. Creo que era Balza que hablaba de una literatura de la Atlántida, una especie de país hundido que no tiene contacto con el resto del mundo literario, que apenas comienza con el siglo XXI a mirar hacia afuera, porque los escritores se están dando cuenta de que si no miran hacia afuera, se condenan a la inexistencia. Entonces, dentro de ese pequeño universo en que nos desenvolvemos, la gente, más que el dinero o más que otra cosa, lo que busca es la "gloria" entre local. Los escritores venezolanos lo que aspiran es a la gloria, pero aspiran ganarse esa gloria a la vuelta de la esquina. A veces sin trabajar demasiado. Hay gente que, es cierto, la ha logrado sin buscarla mucho. Yo creo que esa es la mejor manera de lograr reconocimiento. Pienso en Salvador Garmendia. No sé, yo lo conocí y nunca le sentí esa obsesión que tienen otros escritores a quienes conozco...
¿Será el mismo caso de Francisco Massiani, que escribía sin saberlo una de las novelas más vendidas en Venezuela?
Massiani no le para absolutamente a nada. Liendo estaría en el medio, porque él sí tiene, y con mucha razón, conciencia clara del oficio. Y yo no sé quién vende más, si él o Massiani...
Según Monte Ávila, Piedra de mar es el libro más vendido de esa editorial.
... Ah, claro, porque es un libro. En el caso de Liendo, que tiene varios, es posible que eso le de mayores beneficios económicos, o por lo menos mayor espectro de lectores. En todo caso, creo que, junto a Carlos Noguera, es uno de nuestros grandes novelistas. De hecho, siento que los escritores que vienen de esa época (los sesenta, setenta, incluso de los ochenta), comienzan a verse es ahora. Y como comienzan a destacarse eso los convierte en objetivos de otros que están buscando la gloria sin construirla.
¿A qué se debe que esos autores que vienen trabajando desde los sesenta sea ahora que comiencen a destacar? ¿El autor venezolano comienza ahora a tener más conciencia del oficio?
Yo creo que eso comienza en los ochenta. La conciencia del oficio, del trabajo. Sí, ya la diletancia, por ejemplo, pasa a un lugar secundario, sin que eso implique que sean unos monjes. Pero aquella imagen del escritor barbudo, bohemio, borracho, parrandero y jugador, comienza a borrarse un poco. Yo diría incluso que a partir de los años setenta, cuando comienzan los talleres, la gente comienza a reunirse más en serio, a hablar sobre su propia producción, y eso trajo una especie de disciplina paralela. Aunque yo no sé si es propiamente por eso, o porque los escritores no surgen cuando los lectores los esperan si no cuando les toca el momento de surgir. Yo siento que estos escritores han venido madurando su obra, y creo que eso les va a dar más firmeza para el futuro.
La buena literatura no se pare de un día para otro. Es un proceso de maduración, de ejercicio, de constante escritura, es un permanente embarrarse con el lenguaje, para que con la corta vida de un ser humano se pueda llegar a producir una o dos obras que en el futuro puedan considerarse memorables.
Volviendo a la "gloria literaria", otro tema recurrente en los cuentos tuyos es el del autor fracasado que muere persiguiendo obsesivamente la fama. ¿De qué tamaño es la gloria que puede conseguir un autor en Venezuela, si vivió hacia adentro durante muchísimos años?
La que logra dentro del ámbito estrictamente venezolano es, obviamente, muy pequeña. Es una gloria en miniatura. Además es muy pasajera, porque la tendencia es a olvidarlo inmediatamente después que desaparece físicamente. Yo me preocupo mucho cuando los escritores mueren, porque es el momento de comenzar a mirarlos con la distancia que ayuda a verlo mejor. Pero creo que eso va a cambiar, yo siento que a partir de la entrada del siglo XXI, de la disciplina que están logrando los escritores venezolanos, incluidos los escritores más jóvenes, que se dan cuenta que hay que hacer bastante... ¿cómo decía José Vicente Abreu? ejercicio de nalgas, estar sentado durante muchas horas para macerar, madurar, reflexionar, para leer muchísimo y finalmente producir lo que puede ser una obra, como ya dije, memorable; bueno eso lleva su tiempo prudencial. Pero esa conciencia se está dando en este momento. Yo siento que los jóvenes están tratando de salir de la concha, de ser escritores venezolanos para convertirse en escritores latinoamericanos.
Hay dos factores que podrían estar incidiendo en esto último: la llegada de internet, que permite que nos enteremos de todo cuanto ocurre en el mundo de forma instantánea; y que una España de la Unión Europea, está patrocinando que nuestros autores prueben suerte fuera del país. Pareciera que todas las alcaldías de España tienen un concurso...
(ríe) Eso sí es verdad. Yo llegué a ver en España un mamotreto que tiene como quinientas páginas, donde hay un recuento de todos los concursos literarios que tiene ese país. Es un volumen que puede ser tan grueso como un tomo del diccionario de autores de América Latina.
Pareciera que con un poco de paciencia y perseverancia, es casi seguro ganarse un premio en España.
Yo creo que sí. De hecho, muchos escritores venezolanos se han ganado muchísimos premios. Pero los premios no definen el futuro de un escritor. Los premios ayudan a abrir puertas.
Promocionan...
Nada más. Y promocionan a veces. Porque si tú te ganas un premio de la municipalidad de algún lejano pueblo español, porque todas lo tienen, eso no es muy relevante. Eso es simplemente un estímulo para el escritor. Cuando tú te ganas un premio eso te estimula. Yo no estoy en contra de los premios, lo que sí estoy en contra es de la "concursería permanente". Yo no entiendo cómo escritores venezolanos que ya tienen más de cuarenta, cincuenta años, todavía están concursando a ver si se ganan, por ejemplo, la Bienal de Calabozo. A mí eso me parece una aberración. Uno, como escritor, tiene su tiempo de los concursos. Los concursos son un importante estímulo para el escritor que se está iniciando. Creo que es importante que compita aunque no los gane. Pero pasarse la vida concursando, es tergiversar lo que debe ser la trayectoria seria de un escritor.
¿Qué nivel de importancia deben darle los escritores a la búsqueda de reconocimiento?
El reconocimiento instantáneo me parece que no sirve para nada. Esa cosa de salir en la prensa un día porque te ganaste un premio, y responder cinco o seis preguntas, es algo secundario para la literatura. Como ha pasado, de hecho, con algunos premios del concurso de cuentos de El Nacional, cuyos nombres nadie recuerda absolutamente para nada. Por eso te digo que los concursos no son los que definen la carrera del autor. Una cosa es ganarse un concurso con La mano junto al muro, que se lo gana no porque sea Guillermo Meneses, sino porque es un cuento memorable; y otra cosa es mandar todos los años al concurso de cuentos de El Nacional para ver si la pegas como una lotería en la que participan novecientos cuentos.
A propósito de La mano junto al muro, ¿incide en algo que cesó el experimentalismo con el hecho de que los autores estén más interesados en darse a conocer fuera de nuestras fronteras? ¿Que los autores estén buscando volver a las formas más clásicas del género, ha incidido en que puedan ser más leídos fuera de Venezuela?
Yo creo que no. La literatura pasa por etapas, por ciclos. Y el ciclo del experimentalismo comenzó a cerrarse no sólo en Venezuela, en el mundo entero, a finales de los años setenta, a principios de los años ochenta. Si tú vas a la literatura norteamericana, hay experimentalismo en la década de los setenta, incluso en la época de los sesenta. Si vas a la literatura española, consigues más o menos tendencias similares. Son épocas por las que pasa la literatura. En ese momento el escritor se convirtió en el hecho más importante de ese circuito comunicacional que es la literatura. Entonces sentía que autocomplaciéndose hacía buena literatura. Y eso dio unos resultados, para algunos positivos, para otros negativos, pero están ahí. No significa que todo lo que se hizo en el experimentalismo fuese malo ni negativo. La mano junto al muro es un ejemplo de eso. Por supuesto, es de los años cincuenta. El experimentalismo siempre ha existido, lo que pasa es que tiene auges y caídas. Y lo mismo pasa en el otro plano. El plano que se interesa más, en el caso de la narrativa, por contar historias bien relatadas, por regoderase con el lenguaje pero al mismo tiempo agradar al lector para que se sienta atraído por la anécdota. Ese ciclo comenzó desde finales del siglo pasado. Ser experimentalista en este momento sería convertirse en disidente de la corriente actual de la literatura (insisto, en el mundo).
Pero ¿qué te puedo decir también? Los escritores nuestros, como tenemos muy pocos lectores de metro, de plazas, durante algún tiempo apostaron hacia lo que en publicidad podría llamarse un "target seguro". Y ese target seguro estaba en los liceos, en las escuelas y en las universidades. Allí sabían que iban a conseguir lectores. Estonces la pelea entre algunos escritores se dirigió básicamente a lograr cautivar a ese público que son los lectores forzados de bachillerato, que leen porque el profesor les dice que tienen que leer; o los lectores profesionales, que son los críticos literarios y los profesores que trabajan en las instituciones donde se dan clases de literatura, en las escuelas de Letras, en los posgrados. Y ese es un público que exige muchísimo más de literaturidad de lo que puede exigir un público general. En el caso de Venezuela, eso alimentó muchísimo el experimentalismo, porque se escribía, no para lectores convencionales, sino para lectores especializados que exigían metáforas, dislocación de los tiempos, o que los personajes tuvieran muchísimos nombres pero ninguno al mismo tiempo. Aquí eso se exacerbó.
Se escribía para que todo lo que se daba en clase estuviese presente en el texto.
Por supuesto, porque querían estar presentes donde sabían que con seguridad se leía la literatura, que era en la Academia. Los autores han escrito durante mucho tiempo para la Academia, para complacer a los críticos. Cuando se supone que la Crítica pide algo, los escritores escriben de esa manera.
¿Y esa vuelta a una narrativa más amable para con el lector, en el caso de Venezuela, supondrá más lectores de entre la gente común?
Posiblemente traiga uno que otro más, pero tampoco nos hagamos la idea de que eso va a convertir la literatura nacional en un sistema masivo de interrelación con los lectores. Yo creo que el problema nuestro está en otra parte. Esa otra parte es que las grandes fábricas de lectores están en las escuelas, que es donde pudiera uno lograr que la gente se convierta en lector (la escuela básica, el bachillerato e incluso en la universidad), y como la orientación de lo que se llama la enseñanza de la literatura en esos espacios ha sido tergiversada, porque los profesores básicamente enseñaban y siguen enseñando a los estudiantes, no a leer, a degustar ni a confrontar el texto, sino a analizar y a contar personajes, y a ver cuántas metáforas hay, y a ver cuántos símiles hay; entonces aparte de que la lectura es forzada, porque te obligan a leer justo lo que te imponen los programas, aparte de eso que ya es un hecho a considerar, que puede castrar; no puedes leerlo voluntariamente como un lector para disentir de eso, para creer en eso, para coincidir con eso, sino simplemente para buscar, por ejemplo, cuántas veces el personaje equis mete el pie debajo de la mesa que se cita en la página catorce.
De hecho, en el programa de bachillerato no se lee ningún libro completo, sino veinte fragmentos de veinte novelas distintas.
O lo más grave, se leen resúmenes. Porque eso en el mercado dio origen a los editores de resúmenes de los clásicos de la literatura. Entonces los muchachos simplemente se dedican a leer resúmenes en vez de leer las obras directamente.
¿Y los editores venezolanos están conscientes de que el problema parte del sistema educativo?
Yo creo que los editores en general, tanto públicos como privados, en Venezuela, apuntan muy poco hacia la promoción real de la literatura. Porque un editor español, cuando es editor profesional, sabe que de un libro que edita tiene que hacer una inversión importante para promocionar el libro. El libro es un objeto de mercado, hay que venderlo, hay que ponerlo en circulación. Tener el prurito de que como es "Literatura" eso lo deslastra de la noción de mercado, es una equivocación. Y que un autor venezolano aspire a vender muchos libros, y aspire a convertirse en best-seller, es una cosa muy importante. ¿Por qué razón nosotros no vamos a vender la literatura? Eso no significa que lo logremos, pero no impide tampoco que lo aspiremos. Siempre lo he dicho, ojalá mientras esté vivo algún libro mío pueda convertirse en best-seller. ¿Por qué yo voy a tener prurito de eso?
¿Y qué tan distinto es nuestro modelo educativo con respecto a otros del continente (Argentina, Colombia, México) que sí tienen autores que viven de su obra?
Aunque tampoco creas que son muchos. Posiblemente tienen más que nosotros. Por supuesto, el número superior de lectores que tiene Argentina es también importante. ¿Qué ha incidido allí? Eso habría que estudiarlo bien, porque yo recuerdo que la enseñanza de la lengua y la literatura en Argentina en los años setenta era casi idéntica a la de los liceos venezolanos. Incluso se usaban los mismos libros, que eran de autores argentinos y no venezolanos. Y los que eran de autores venezolanos seguían los mismos lineamientos que tenían aquellos libros argentinos. Lo mismo en México, y en Chile. Hay un fenómeno extraño que tiene que ver con nosotros. Y posiblemente tiene que ver con ese encerramiento que nosotros hemos vivido durante mucho tiempo y con un fenómeno importantísimo que yo he analizado bastante que es el de la negación. Los escritores venezolanos no tenemos sentido colectivo de la literatura. Posiblemente, no lo sé, los mexicanos sí lo tengan, al menos por lo que yo he visto, lo tienen un poco más. Los argentinos también lo tienen y los chilenos también lo tienen. ¿Incidirá eso? Es posible, porque, ¿cómo convencemos a los lectores de que producimos una buena literatura si de manera colectiva la mayoría de los escritores considera que no somos nada?
Es fama esos casos de escritores venezolanos que van a otros países, costeados por el Estado, a hablar mal de la literatura venezolana.
Así es. Y hablan bien única y exclusivamente de aquellos que están sentados entre el público que los está escuchando. Eso lo he vivido yo. (risas) Porque están allí. Si no hay ningún venezolano, el jucio negativo general es impelable.
¿Y ese será un rasgo cultural venezolano o específicamente de los escritores venezolanos?
Es una cosa de la cultura venezolana. Nosotros nos estamos negando desde la primera República. Nosotros nos hemos arrepentido, por ejemplo, de dejar de ser colonia del reino de España. Entonces allí comenzó nuestra negativa, y esa negativa se ha venido prolongando. ¿Cómo enseña un maestro en la escuela a valorar nuestro país, nuestra cultura? Diciendo que no servimos para nada, que somos inútiles, borrachos, parranderos, jugadores, es decir, todo lo hacemos mal. Entonces, si tú desde que tienes conciencia en el preescolar te están diciendo que todo es negativo, que todo es malo, que no servimos para nada, obviamente comienzas a internalizar esas ideas de que realmente no valemos para nada.
Y la tendencia es general. Incluso gente muy culta y muy conocedora y aparentemente muy optimista, siempre tiende a pensar que lo nuestro es peor que todo lo demás del resto del mundo. Pocas gente se dedica a destacar que podemos tener cosas buenas y malas, que tenemos que tratar de mejorar las malas y, por supuesto, de mantener las buenas. No es propio de la literatura, pero en la literatura se ha exacerbado un poco más.
Entre nosotros el chauvinismo es mal visto.
Yo siempre he pensado que si tuviéramos un poquito más de ese rasgo que se le endilga al argentino, a lo mejor estuviéramos un poco mejor. O incluso, como los maracuchos, a los que todo el mundo acusa de regionalistas o pedantes. Porque tienen una tendencia contraria al resto del país, de defenderse como región, como grupo social, a pensar que sí pueden aportar cosas positivas para el desarrollo del país. Entonces, todo el mundo los ve extraños. Los llaman pedantes porque tienen un poquito de lo que debería tener el resto del país.
Ahora esas cosas están cambiando. Lo que pasa es que no es fácil, porque son procesos históricos de siglos para sacarnos de encima la negatividad. Habrá que pasar algo tiempo para que eso cambie. Pero pareciera que comienza a cambiar.
Y hablando de esa persistencia del venezolano de negar su identidad, llama la atención que, siendo el venezolano tan guasón, tan dado a los juegos de palabras, a los retruécanos, al humor, esas características estén bastante ausentes en nuestra literatura. Podría decirse que, al menos en sus primeras generaciones, la literatura venezolana era grave, sombría, en contraposición a lo que somos realmente ¿A qué se debe eso?
Bueno, yo diría que no está totalmente ausente. Hay ciertos rasgos de eso en algunos escritores, pero lo que tú dices es cierto. La literatura en Venezuela parece ser una cosa seria. Esa cosa seria viene desde los comienzos de lo que es la literatura venezolana hasta los momentos. Aquí para ser escritor hay que estar ausente de lo que es el humor. Echar chistes en una novela, jugar con palabras, es visto como negativo. la literatura es demasiado formal. Yo no sé si hay influencias del modernismo, o si se trata de que buena parte de nuestros escritores no han sido escritores profesionales (cuando digo escritores profesionales me refiero a escritores dedicados única y exclusivamente a la literatura; casi todos vienen o venimos de otros espacios diferentes: abogados, ingenieros, médicos, que terminan siendo escritores, y que tienen una concepción rígida de lo que es el lenguaje de la literatura). Es una concepción que ni siquiera diría clásica, porque hay grandes clásicos de la literatura que usan el humor de una manera genial. Siempre pienso por ejemplo que toda la gente que se toma muy en serio a Borges, está equivocada, porque para mí Borges era un gran humorista. Ahora nuestros modelos particulares, los que son los pivotes, los poquitos pivotes que tenemos: Gallegos, Uslar, incluso Meneses, eran rígidos, formales. Tú les ves el rostro a su literatura y es un rostro absolutamente formal.
Y eso que uno de los grandes libros de la lengua española, como lo es el Quijote...
Claro, hay humor desplegado en cada página. Los que se han acercado un poquito al humor, sin darnos cuenta, son relegados. Pienso, por ejemplo, en Pancho Massiani, en Igor Delgado Senior...
Que cuando nombran escritores, usualmente lo ignoran...
Así es. Ah, porque lo que hace son chistes, juegos de palabras. Y resulta que Igor Delgado Senior tiene un manejo del idioma envidiable. Lo mismo pasa con algunas novelas de Eduardo Liendo, que es un escritor de primera línea. Yo he visto el proceso de Eduardo Liendo desde su primera novela hasta ahora, y estoy asombrado por el modo cómo ha venido construyendo una carrera literaria a fuerza de los que sí son de verdad ejercicios narrativos. Si tú ves la última novela de Eduardo Liendo, ves que es una novela con peso propio, que se sienta sola, que puede competir en cualquier espacio de Latinoamérica con cualquier novelista, pero yo no sé qué es lo que pasa. Porque sus libros se venden, en ese espacio que mencionábamos de los lectores adolescentes, de los lectores de bachillerato, pero no logran la permanencia que debería tener una buena obra literaria, cuando es una excelente obra literaria. Yo creo que él lo merece. Lo merecen otros también. A mí me parece que las novelas de Noguera, precisamente, han salido muy espaciadamente porque son novelas muy maduradas. Es un tipo que macera sus trabajos, que no los lanza al público a la primera vuelta, sino que hace un trabajo reposado. Yo creo que es el caso de Eduardo, el caso de Igor Delgado Senior, el mismo caso de Infante, quien desde el año 87, en que ganó el concurso de Fundarte, va por su tercer libro, el cual incluso está inédito todavía.
Tú has dirigido dos importantes antologías del cuento en Venezuela. ¿Has recibido algún tipo de presión, críticas, comentarios solapados, por ausencias de algunos autores en ellas?
De sobra. No solamente solapados. Hay escritores venezolanos que me han reclamado abiertamente "¿cómo se te ocurre que siendo yo el mejor escritor venezolano de este siglo... -(risas), bueno, sería del siglo pasado ¿no?- me hayas excluido de la antología?" Sí, eso me pasó con tres escritores venezolanos. Cuando yo escriba mis memorias mencionaré sus nombres, aunque ellos saben quiénes son, por supuesto, porque me lo han dicho, y ahora no sería prudente que yo te dijera sus nombres, porque son contemporáneos, amigos incluso, quienes me reclamaron eso.
¿Y por qué no estuvieron incluidos?
En un caso, porque el criterio general de la antología era que tuvieran más de un libro publicado, y esta persona que me reclamó tenía apenas uno que estaba saliendo casi en el mismo año. Era muy joven y le dije: "Mira, considero que vas a estar en muchas antologías y tendrás tu chance", pero el criterio era ese.
¿Y ha aparecido?
Ha aparecido en otras posteriores, por supuesto. Incluso apareció en una posterior que yo coordiné en la Universidad Simón Bolívar. Estaba muy chamito en ese momento. En otro caso, fue una dama, que me reclamó delante de testigos,y me dijo: "Cómo se te ocurre que siendo yo la mejor escritora venezolana del siglo XX me hayas excluido de esa antología". En ese caso, los criterios no dependían de mí nada más, sino de las diez o quince personas que constituíamos el equipo, y entonces se decidía por consenso. Si el consenso consideraba que el autor no debería estar, eramos fieles a eso y no aparecía.
Cómo investigador, ¿Cuándo sientes que te encuentras ante un texto de particular valor?
Eso me lo han preguntado muchas veces y a mí me cuesta mucho responderlo, porque no es fácil decir por qué razón uno considera que un texto tiene ante la primera lectura cierto valor para el futuro de la literatura. Pero yo creo que en quienes somos lectores permanentes y consecuentes, pesa mucho la intuición. Yo creo que hay una especie de valoración que uno hace subyacente sin darse cuenta, para descubrir cuándo un texto tiene valores que le puedan posicionar bien en el transcurso de la literatura. Yo no sabría decirte cuáles son esos rasgos, porque eso sería convertirme en profesor analista de literatura. Y eso es una cosa intuitiva, por supuesto una intuición en base a la experiencia, la permanente lectura, el permanente contacto con textos de toda naturaleza, la permanente relación interactiva con el lenguaje en todas sus instancias...
¿Pesan los prejuicios como lector?
Bueno, tus prejuicios yo creo que sí pesan. No todos pensamos que la buena literatura debe tener los mismos rasgos. Por supuesto que tú tienes una manera de valorarla. Una novela muy plana, para algunos autores puede ser muy mala, mientras que para otros puede ser buena. Yo creo que yo estoy en un punto intermedio. La literatura, en el caso particular de la narrativa, no es solamente contar historias. Yo creo que la historia hay que saber contarla para volverla literatura. Hay que tener esa intuición de escritor para saber dónde están las historias.
En el prólogo de "Cuentos en-red-@dos", publicado hace dos años, tú te refieres a la quíntuple relación que existe en el escritor venezolano "lector-autor-crítico-profesor-editor". ¿El hecho de que en Venezuela deban asumir varios de esos roles de forma conjunta incide negativamente en la calidad de lo que se produce?
Yo pienso que sí. Ahora, le he dado vueltas al asunto y pienso que pasa en otros países de Latinoamérica, aunque no tanto como aquí. Nosotros, llevados por la necesidad, nos hemos convertido en "toderos" (ríe). Estar en todas las instancias de la literatura, desde la edición hasta la lectura, pasando por la producción, ser profesor y crítico de literatura. Uno tiene que tener muchísima conciencia de hablante y de lector para saber diferenciar cuándo está desempeñando cada una de esas funciones. Y creo que hay escritores venezolanos que no entienden eso. No se cambian las camisas discursivas (cuando son profesores, cuando son críticos, cuando son creadores, cuando son editores, o cuando son simples lectores). Son posiciones distintas y cuando tú no tienes conciencia de que son camisas diferentes las que debes vestir para cada situación de comunicación en esos casos, puede ser perjudicial para la literatura. ¿por qué? Porque si tú confundes tu labor crítica con tu relación de amistad con un escritor a quien debes editar, por ejemplo, por supuesto que lo vas a publicar. Eso ha pasado mucho, los grupos publican a sus propios ecritores independientemente de la calidad que esos escritores tengan. Eso es perjudicial. Te publico porque tu eres mi amigo, eres de "mi generación" (como suelen decir, porque yo no sé todavía qué es una generación de escritores, nosotros compartimos todos con todos, por lo que eso de generación aquí es un decir), pero como eres de mi grupo, yo quiero apoyarte, yo creo que somos la verga de Triana, entonces te publico. Ah, pero dejo de publicar, o rechazo, a un autor que está escribiendo mal sobre nosotros.
Algunas editoriales alternativas, por ejemplo, no tienen mecanismos muy abiertos de recepción de manuscritos.
Yo creo que ni siquiera tienen grupos de lectores. Los lectores son ellos mismos. Entonces, claro, no tienen esa cosa que tienen las editoriales consolidadas (o no alternativas, como prefiera llamarse) que buscan lectores externos que no tengan que ver nada con el libro que se va a publicar, para conocer su juicio al respecto. De hecho, buscan dos y si difieren, buscan un tercero que permita, de alguna manera, equilibrar los juicios.
Quizá los menguados presupuestos no les permitan...
Por supuesto, y los lectores cobran, porque eso de seguir trabajando gratis para todo el mundo, por lo menos de mi parte... Podría hacerle una pequeña revisión a un amigo, pero ponerme a revisar libros completos de editoriales sin que me paguen, no lo hago, porque puedo utilizar ese tiempo en otra cosa más productiva para mí.
Incluso a mí me invitan a una charla y yo pregunto, y la gente se asombra porque uno pregunte, ¿cuánto me van a pagar? Bueno, y ¿desde cuándo nosotros somos los gratiñán de las profesiones en Venezuela? Todo el mundo asume que a un abogado se le paga, a un plomero se le paga, a un albañil se le paga, ah, pero a un escritor no se le paga. Hay gente que hasta pregunta: "Oye, ¿y los escritores cobran?" (risas)
Y volviendo a los quíntuples roles antes mencionados, ¿cuál de ellos, obviando por supuesto el de lector, asume con más gusto Luis Barrera Linares?
La creación. Ojalá realmente pudiera yo dedicarme única y exclusivamente a eso. Desgraciadamente, la vida familiar, la supervivencia, me obligan a hacer muchas otras cosas, que las he hecho con mucho agrado y con mucho gusto, por supuesto; no me arrepiento para nada. Pero me hubiese gustado dedicarle más tiempo a la creación literaria.
Y hablando de creación literaria, ¿Cuál ha sido el feedback que ha tenido tu último libro "cuentos enredados"?
Muy poco. He tenido algunos juicios de algunos amigos escritores. Hay quienes les gusta un poco ver la trayectoria de lo que he venido haciendo desde los años ochenta, ver los distintos cuentos por los que he pasado y ver ese temario que andaba disperso entre los libros anteriores. Pero "feedback" realmente, he tenido muy poco. No he visto reseñas sino noticias sobre la salida del libro. Tampoco creo que haya circulado demasiado porque es una edición personal.
¿Está en las librerías?
Lo está distribuyendo Comala y Fedeupel. No sé qué ha pasado. No sé cómo se ha movido. No he preguntado, por lo que no he tenido noticias de él.
Y como autor, ¿cuáles consideras que son los elementos ideales para sentirte satisfecho con un cuento?
Eso sí es difícil. Yo no tendría una sola respuesta para esa pregunta. Yo creo que son varias cosas. Algunas veces un cuento lo hace la anécdota. Yo creo que le pasa a uno como lector y como escritor. Uno dice, egocéntricamente, me salió bien. Ahora, le puede pasar a uno como decía Oswaldo Trejo: La noche que lo escribe siente que le salió el mejor cuento del mundo, al otro día se pregunta ¿qué me hizo estar ciego?. Creo que uno debe tener autocrítica para leerse en la distancia (por eso es que es bueno engavetar y revisar con el tiempo), a ver hasta dónde realmente se queda satisfecho con lo que se hace. Algunas veces uno queda satisfecho pero los lectores no. Y algunos te lo dicen, y eso vale también, ya que para eso son los lectores. Es decir, no todo lo que uno hace tiene por qué complacerlos, aunque sean lectores de esos que uno llama incondicionales.
Y en tu rol de investigador ¿has hallado perceptibles evoluciones durante los últimos cuarenta años en la narrativa venezolana?
Si nos referimos a lo que se está haciendo desde los sesenta, setenta para acá, yo pienso que sí. El primer gran avance, es por ejemplo, la profesionalización del escritor venezolano. Hay escritores que se tomaron, desde esos años, la literatura en serio, como forma de vida. Yo creo que en un escritor eso es muy importante. Y por supuesto que ha habido escritores notables a los cuales uno había descuidado en algún momento. Tú vas descubriendo con el tiempo quiénes son los que consideras que son los escritores que más te llegan. Quizá no en cuarenta años sino en mucho más, Pocaterra, para mí es uno de los grandes cuentistas venezolanos, tiene cuentos para la eternidad. De Meneses no habría que decirlo, porque eso lo dice todo el mundo y no sería novedoso. También he descubierto que hay novelistas venezolanos muy publicitados que a mi criterio son mucho mejores cuentistas que novelistas. Pero como el cuento es un género social y culturalmente poco atractivo, la gente no los ha considerado como tales. Entonces los consideran grandes novelistas (dentro de lo que pueden ser grandes en Venezuela), y han negado sus cuentos. Hay muy pocos autores que yo te diga que me parece que son muy buenos en cuentos y en novelas. Caso excepcional el de Salvador Garmendia. Yo creo que Garmendia debería ser el (Rómulo) Gallegos de nuestra época, y estoy asombrado de que después de muerto no se le reconozca tanto.
Menos mal que se les ha ocurrido ahora armar una especie de boom en torno a la obra de Adriano (González León). Porque a él siempre se le criticó la escasez de su escritura (en cuanto a volumen ¿no?). Pareciera que aquí es un pecado ser autor de una sola novela, por ejemplo.
O en todo caso un despilfarro.
Sí, se piensa que se perdió toda la propaganda que se le hizo, toda la promoción, todos los palos que se echó, qué sé yo todo lo que se perdió (risas). En cambio de Rulfo nadie piensa eso en México. Como somos autodestructivos, buscamos por dónde flaquea el escritor y por ahí lo atacamos. Insisto, menos mal que lo están rescatando.
Quizá ocurra que los pilares referenciales para el público en Venezuela (Uslar, Gallegos) fueron autores muy prolíficos.
Es posible que eso ocurra. Y ahora que nombras a Uslar, por ejemplo, para mí, es un pésimo novelista y un magnífico cuentista. Y él está reconocido hasta con el premio Rómulo Gallegos de Novela. Uslar es uno de los grandes cuentistas venezolanos de todas las épocas, pero como cuentista no se ha destacado realmente. Lo contrario ocurre con Gallegos, que sí era un buen novelista. Yo me asombro cuando los llamados parricidas critican a Gallegos. Uno abre sólo la primera página de Doña Bárbara y se da cuenta de que está frente a un escritor. O de Canaima. Allí se intuye que se está ante un escritor. Todavía Venezuela se conoce afuera... Uslar decía que por él también, pero cuando uno ha estudiado afuera y ha estado afuera sabe bien quiénes son los que figuran realmente, como nombres, ni siquiera como lectura, y en el panorama de la literatura venezolana el gran nombre sigue siendo Gallegos, y en algún momento me asombré que como cuentista fuera, por ejemplo, Luis Manuel Urbaneja Achelpohl, quizá por su participación fuerte en el modernismo, para defender la cosa local. Claro, actualmente eso también ha cambiado, porque ahora, depende de cada país, hay escritores que son conocidos por su trabajo. Es el caso de Ednodio Quintero, que tiene un espacio ganado en la literatura mexicana. Denzil Romero (quien lamentablemente, murió muy joven) ganó cierto impacto en algunos países latinoamericanos, en Colombia, en Argentina, en Ecuador, donde fue incluso retado a duelo por La adorable loca. Viendo el movimiento en Latinoamerica en esos momentos uno sabe que Denzil impactó, no tanto en España, pero sí por ejemplo en Cuba con el Casa de las Américas. Ana Teresa (Torres) también ha tenido cierta relevancia afuera, incluso en lenguas distintas al español. Una literatura no se construye de la noche a la mañana y perdimos tanto tiempo peleando entre nosotros que ahora tenemos que esperar prudente y pacientemente que eso se construya, pero yo creo que sí ha empezado a cambiar. Y la presencia de las mujeres también ha cambiado el mundo de la literatura, no sé si para bien o para mal, no importa, no quiero evaluar eso, no creo en literatura femenina porque creo que la literatura no es ni femenina ni masculina ni es intermedia (porque ahora se habla de literatura gay), pero sí creo que la presencia del discurso de las mujeres, del discurso femenino, de alguna manera ha traido, o por lo menos va a traer en el futuro, un cambio de rumbo en la literatura. Pero no lo voy a valorar ahora, pero de que ha habido un cambio ha habido un cambio.
Para concluir, luego de haber hecho dos antologías que son referencias nacionales, recibirás mucho material narrativo de todos los rincones del país ¿Qué has leído últimamente que te haya impresionado, que no pertenezca a autores tan conocidos?
¿Poco conocidos?... Lo más reciente que tengo es lectura de textos inéditos, a través del concurso de autores inéditos de Monte Ávila. Creo que los premiados son autores muy importantes, que están empezando, que tienen una carrera por delante, pero que tienen un futuro en la narrativa venezolana, porque en la escritura se ve trabajo y se ve oficio. También ha habido, por supuesto, textos detestables desde todo punto de vista, muy mal elaborados, como lanzados a una lotería. Los autores del penúltimo concurso de narrativa, donde yo fui jurado, me impactaron muchísimo. Lo que pasa es que los tengo tan frescos, incluso en manuscritos, que no recuerdo los nombres, pero sí hay chamos muy jóvenes que están escribiendo y están asumiendo la literatura en serio. Algunos de los menos jóvenes, que ya son cuarentones, que se siguen considerando escritores novísimos, me da la impresión de que se han quedado en el aparato. Yo no sé qué pasa, los escritores arrancan con un gran vuelo, toman los espacios mediáticos, y de repente como que se achantan. Aunque creo que ese achante no es malo, porque me parece que están reflexionando, que están escribiendo más pausadamente...
¿Citarías algún o algunos nombres?
¿De esos? Varios. Slavko Zupcic creo que cada vez está escribiendo mejor, aunque es muy sensible a la crítica adversa. Juan Carlos Méndez Guédez creo que se está proyectando bastante bien, que también es un poco reacio a la crítica, porque los escritores venezolanos solemos ser reacios a la crítica si no es buena. Si la crítica intenta ser "crítica" y objetiva, y destacar aciertos pero también defectos, entonces los escritores se ponen furiosos. Creo que Juan Carlos ha venido poco a poco haciendo su propia labor de escritor desde afuera, pero se ve que en su lenguaje es un escritor venezolano a plenitud. Incluso en su última novela Tarde con campanas se siente el lenguaje venezolano por todas partes, y me parece muy bueno que no lo haya perdido. Hay otros que siguen sin convencerme, como Juan Carlos Chirinos. Creo que su segundo libro "Homero haciendo zapping" mejora muchísimo la factura del primero. Me parece que es un escritor que tiene muchas posibilidades pero que todavía le falta, que no es suficiente Homero haciendo zapping. También destaco la carrera silenciosa que está haciendo este muchacho que se fue a la Gran Sabana: Ricardo Azuaje. Su penúltima novela, La expulsión del paraíso, me pareció fabulosa. Por supuesto, viene consolidándose gente como Ángel Gustavo Infante, que ya no es un escritor joven y nuevo, es un escritor simplemente, que está haciendo su trabajo. También está este otro recientemente publicado: Ricardo Waale, con Memorias de la Laguna. Y, por supuesto, el libro de Oscar Marcano, que ganó el premio, primero en la contraloría, y luego el Jorge Luis Borges: Sólo quiero que amanezca, se llamó en la publicación de Seix Barral, pero a mí me gustaba más el primero: Lo que Francoise Villon no dijo cuando bebía. Ese es un excelente libro de un escritor que viene desde los setenta con Cuartel de invierno. Silenciosamente construyó un texto formidable. Entre los novísimos tendría que hacer memoria con los textos que me han impresionado, pero los tengo tan frescos que no recuerdo mucho.
¿Está en un buen momento nuestra literatura?
Yo no diría que es el mejor.
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